Mairena del Alcor

MAIRENA LUZ DEL ALCOR





Historia



El municipio de Mairena del Alcor ocupa una posición bastante central en la provincia de Sevilla, dentro de la comarca de la Campiña. En 1.996 contaba con una población de 16.071 habitantes, la mayor parte de los cuales residía en el núcleo principal. El término cuenta con otras dos entidades de población, las aldeas de Bencarrón y Clavinque. El nombre de esta localidad es de origen árabe (Maharana), que significa "hato de pastores". Sería un enclave defensivo con su fortaleza, siendo conquistada por las tropas castellanas de Fernando III en 1.248. En el Repartimiento de Sevilla, Mairena es donada a la Orden Militar de Calatrava, concesión que es suspendida en 1.342 por Alfonso XI, quien otorga estas tierras al señor de Marchena, Pedro Ponce de León. La cabecera municipal se localiza sobre una línea de dirección suroeste-noreste, que marca con un fuerte escarpe topográfico la divisoria entre la Campiña (en cota baja) y los Alcores (en cota alta). La génesis del asentamiento es el castillo árabe, construido en la zona alta, al borde del escarpe y con la función de proteger las explotaciones agroganaderas del territorio circundante. El primitivo centro urbano coincide con la actual plaza de la Iglesia Parroquial, desde la que parten las restantes calles que estructuran la ciudad musulmana: Real (de este a oeste), del Castillo (hacia el sur) y completando todo el sector norte, Tomás de Po, León XIII y San Bartolomé, que parcelan todo el área hasta la calle Ancha, que actúa como ronda de circunvalación, adaptada al trazado de la muralla. Tiene su importancia en la fijación del asentamiento la presencia de la fuente de Alconchel, situada junto a la puerta de Levante. Entre la fuente y la puerta surge la primera plaza extramuros, sin originar un arrabal por la cercanía del escarpe. La puerta de Poniente, más alejada del mismo y situada en el cruce de los caminos de Gandul y de Sevilla, sí genera un auténtico barrio extramuros, que terminará conformando una gran plaza que se convertirá en el actual centro urbano, la Plaza de las Flores. A finales del siglo XV y principios del XVI, se reedifica el castillo y se construye un nuevo palacio en la calle Real, que se convierte en la espina dorsal de la villa. Durante el siglo XVI se reutiliza el núcleo intramuros y se consolida el arrabal occidental. En los siglos XVIII y XIX sigue la expansión hacia el oeste. Durante el siglo XX continúa esa misma tendencia de crecimiento, ocupándose los terrenos de la vieja Feria, entre la calle Gandul y la carretera Alcalá-Carmona, que se transforma en alameda (hoy Avenida de Andalucía). Surge el barrio del Mercado y se produce un desarrollo hacia el norte, siguiendo el trazado de la vieja muralla, con una estructura reticular de pequeñas manzanas. En la década de los 60, el influjo positivo del Polo de Desarrollo de Alcalá de Guadaira permite que la actividad urbanizadora continúe, sin variar la dirección de desarrollo, el camino de Alcalá y el espacio entre la carretera y el camino de Gandul. En los años 70 han surgido parcelas de uso industrial en terrenos al norte de la travesía, hasta el límite con El Viso, formando casi un continuo urbano con dicho núcleo. También han florecido las urbanizaciones periféricas de segundas residencias. Entre sus edificaciones de interés histórico artístico destacan la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, las ermitas de San Sebastián (siglo XV) y del Cristo de la Cárcel (hacia 1.400) y una interesante arquitectura civil de los siglos XVIII y XIX.



Antonio Mairena



Nace en Mairena del Alcor (Sevilla) el 7 de septiembre de 1909, hijo de Rafael Cruz Vargas y Aurora García Heredia. Viene al mundo en la plaza de las Flores, que hoy lleva su nombre, centro neurálgico de Mairena, lugar de paso y encuentro de todos lo vecinos, lo que propicia la charla y la tertulia en los bares, tiendas y talleres instalados en ella. Su familia es de ascendencia gitana procedente de Utrera, asentada en Mairena del Alcor, como otras muchas familias gitanas atraídas por las oportunidades de negocio que ofrecía su afamada feria y la creciente prosperidad de la villa. Siendo el mayor de los hermanos (Aguila, Curro, Juan, Rosario, María Josefa), tiene que ayudar a su padre para mantener a la familia. Siempre lamentó Antonio su escasa alfabetización. Sólo pudo acudir tres años a la escuela, que abandona por necesidades de la familia para trabajar en la herrería de su padre como la mayor parte de los niños de la villa en aquella época. Sus emotivos recuerdos del trabajo de la fragua cargarán de simbología estos elementos constituyendo un motivo metafórico muy repetido en su cante y sus textos. Durante toda su vida luchó por remediar esta carencia de formación leyendo e incluso acudiendo a academias nocturnas para aprender a escribir. Como expresa el propio Maestro, Mairena ha sido siempre una localidad eminentemente cantaora y este clima influyó profundamente en su formación artística. Recuerda el amor del pueblo al cante y al baile en la feria, los coros de campanilleros y las saetas, y alababa su gusto por los palos esenciales del cante jondo. Se inició en la profesión de su padre y creció en el ambiente flamenco de su familia, muy aficionados al cante flamenco. De su padre, buen aficionado, hereda el gusto por el cante y de su madre, que cuando niña había sido Verónica en la procesión de Jesús Nazareno, la devoción por la Semana Santa, reuniendo ambos mundos en el peculiar amor que pone en las saetas. En la herrería escuchaba los cantes de trabajo con que acompañaba la labor de fragua y los que interpretaban a veces algunos amigos de su padre, aficionados al cante, que se reunían en el local. De la mano de su padre, siendo niño, acude a algunas fiestas gitanas en las que conoció a grandes cantaores como Manuel Torre, Joaquín el de la Paula o El Gloria, con los que mantenía su padre cierta amistad, quienes despiertan en el joven Antonio la inquietud por el buen cante y serán, a la postre, sus primeros maestros. Cuenta en sus memorias que su primera actuación fue siendo un niño en una de estas fiestas familiares, hacia el año 20, con motivo de la estancia en Mairena del bailaor Faíco, interpretando un tango de Pastora Imperio, de moda por aquella época, "Soy grande con ser gitano", que causó sensación entre los asistentes. El ambiente flamenco a principios de siglo XX Cuando nace Antonio el flamenco es ya un arte ciertamente extendido por toda la Andalucía Baja. Esta genuina manifestación cultural se venía gestando en los ambientes gitanos de las ciudades de la Baja Andalucía desde, al menos el s. XVIII, con especial intensidad en Triana y Cádiz, en cuyo arsenal de la Carraca fueron encerrados tantos gitanos en los procesos represivos del s. XVIII. En el mundo íntimo gitano se desarrollan los cantes de fiesta, de trabajo y de lamento, cargados de profundo sentimiento y múltiples alusiones a costumbres y hechos exclusivos de la comunidad gitana. A lo largo del XIX el cante fue saliendo de estos ambientes para acompañar fiestas, celebraciones y juergas más genéricas y abiertas, costeadas por personas acomodadas que gustan del costumbrismo popular, como nos recuerda Cadalso y algunos viajeros románticos en sus obras. Gracias a ellos tenemos las primeras noticias sobre cantaores y guitarristas de cierto prestigio, contratados para estas fiestas. Ya a fines de siglo encontramos algunos cantaores, de fama reconocida en ciertos ambientes, como El Fillo, El Planeta y Antonio Chacón de Jerez. En Sevilla Silverio Franconetti establece un Café Cantante donde ofrece espectáculos flamencos, y entre los entendidos resuena el eco de Juan Breva y Tomás El Nitri. Éste último recibe de modo informal durante una fiesta la primera Llave de Oro del Cante, en reconocimiento a su maestría. En los barrios populares, se mantiene el cante en las minorías y ambientes íntimos destacando Joaquín el de la Paula o Agujetas el Viejo de Jerez. Antonio forma parte de la gloriosa generación que llevó el cante a sus más altas cotas de expresión. En las primeras décadas del siglo XX se forjan, junto al maestro de los Alcores, diversas figuras señeras como los hermanos Pavón Cruz (Pastora, La Niña de los Peines, Arturo y Tomás), Manuel Torre, Manuel Vallejo, El Gloria, Juan Varea, Pepe Pinto, Manolo Caracol, Tía Anica la Piriñaca, o Juan Talega. Primeros Premios Cuando comienzan a surgir decididamente los profesionales del cante, el baile y el toque, ciertos sectores de la intelectualidad afines a lo que dará en llamarse Generación del 27, comienzan a ver en el mundo flamenco una de las más puras manifestaciones de la cultura andaluza, marginada y amenazada de muerte por el desarrollo que iba adquiriendo el país y la degradación que su comercialización estaba produciendo en los cafés cantantes. Temiendo la pérdida de dicha riqueza cultural intelectuales de la sensibilidad de Manuel de Falla o Federico García Lorca intentan recoger la esencia del flamenco y darlo a conocer a los intelectuales del resto de España y Europa invitados por ellos a Granada. Este fue el objetivo central del concurso de cante flamenco, celebrado en Granada en 1922, en el que la única exigencia era que los aspirantes fueran desconocidos, gente del pueblo. El certamen lo ganó Diego Bermúdez Cala, El Tenazas, y se le otorgó una mención de honor a un niño de 13 años llamado Manuel Ortega Juárez, Manolo Caracol. Antonio comienza a cantar en algunas reuniones familiares, bautizos y bodas y alguna que otra vez en algún café de Carmona, siendo muy apreciadas sus dotes por los entendidos. Esto le impulsó a intentar participar en 1922 en el concurso de Granada, pero su padre no le dejó ir por su corta edad y la falta de dinero para costear el viaje. Pudo hacerlo finalmente dos años después, en 1924, en el concurso de la Feria de Alcalá de Guadaíra. Tenía 14 años y cantó por seguiriya y soleá con tanto arte y embrujo que Joaquín el de la Paula le dio el primer premio, dotado con 20 duros, a aquel mozalbete que comenzaba a ser conocido con el sobrenombre de Niño de Rafael. Posteriormente Manuel Torre será quien comience a llamarle entre sus conocidos Niño de Mairena fraguando dicho nombre para la inmortalidad. En la Alameda Durante algún tiempo, para ayudar a la familia, trabaja en una taberna de un familiar en Arahal y tras la muerte de su madre, en 1928, y el segundo matrimonio de su padre, (del que nacerán Ángela y Manuel), Antonio se traslada a vivir a Carmona. Ese mismo año comienza su indagación en los cantes viejos. De la mano de Diego el de Brenes, quién le ayuda a rescatar los primeros cantes antiguos del Nitri y Juanelo, se inicia en la senda del rescate de formas perdidas o agonizantes del cante. Trató de introducirse en los espectáculos de la ópera flamenca, en los cafés de Sevilla, sin mucho éxito. Ya por entonces su estilo recio y tradicional resultaba un tanto duro para un público que iba acostumbrándose a cantes más ligeros. Donde sí logró un cierto reconocimiento fue en el ambiente de las fiestas de la Alameda de Hércules, donde conoció a grandes artistas, y comienza a actuar en algunos modestos espectáculos en 1929. Antonio siempre los recordaría como su inicio profesional. A través de varios amigos logró actuar, al año siguiente en el Kursal Internacional de Sevilla, un cabaret de lujo donde se ofrecían espectáculos de cuadros flamencos. Le acompañaba a la guitarra Javier Molina. Pero donde más se movió fue por los colmaos y cabarets nocturnos de Sevilla, viviendo el ambiente de juergas nocturnas y fiestas gitanas, amaneciendo muchos días en el pasaje Europa de la Alameda, o en la cava de los gitanos de Triana. De los viejos cantaores aprenderá cantes que agonizaban como el ascua de un antiguo esplendor y que sabrá hacer revivir con genio inigualable. Ese mismo año organiza un espectáculo benéfico en Mairena con Manuel Torre, a quien bautizaron "acabareuniones" porque demostraba tal maestría que nadie quería cantar después de sus extraordinarias y sentidas actuaciones. La Evolución del Flamenco Por esos años triunfa en Sevilla y Madrid la llamada Ópera flamenca, un invento del empresario Vedrines, que aprovechó las ventajas fiscales que la ley de 1926 ofrecía a locales especializados en conciertos instrumentales y de ópera frente a los de variedades y los cafés cantantes, (tarifa del 3% frente al 10 %), para "rebautizar" los espectáculos flamencos. Pronto se extendió la afición a esta mezcolanza de elementos llenándose plazas de toros, teatros y otros grandes locales con un público que prefería la ligereza de un fandango a la jondura de una seguiriya. En palabras de García Sanchís " El cante al dejar de ser gitano, pierde calidad, para hacerse más del público" y por lo tanto pierde esencia y mensaje para ganar en detalles, adornos y requiebros ligeros. En estas óperas triunfaron, junto a "fandanguilleros" de poca relevancia, nombres clave del flamenco como Juan Valderrama, Pepe Marchena, Pastora Pavón o Manolo Caracol, cantando fandangos, estilos de ida y vuelta y cuplés. En Madrid, proliferan los espectáculos en teatros, clubes nocturnos y salas de fiestas. Aprovechando la repercusión del primer concurso flamenco celebrado en 1922 en Granada, el empresario del Teatro Pavón, decidió crear, en agosto de 1925, la llamada Copa Pavón, que ganó Manuel Vallejo. En 1926, tras ser derrotado en dicho certamen por Manuel Centeno, Vallejo recibe de Antonio Chacón y Manuel Torre la Segunda Llave de Oro del Cante, como símbolo de la sabiduría, continuidad y pureza del cante. Primeros éxitos en Sevilla En la agonía de la monarquía alfonsina, en enero del 31, Antonio se incorpora a filas haciendo el servicio militar en diversas plazas africanas (Larache, Alcazarquivir). La suerte le sonrió esta vez, pues se vio favorecido por la ley de reducción del servicio militar establecida por el gobierno de la II República. Tras su licencia Antonio monta una taberna en la plaza de las Flores (que hoy lleva su nombre), donde, entre vasos de vino, echaba unos cantes con los amigos. A principios de la década comienza a ser conocido en Sevilla en actuaciones esporádicas que le van creando un cierto nombre entre los aficionados, especialmente en las fiestas de la Alameda, a las que sigue acudiendo. De la mano de Rafael Tristán, participa en reuniones y fiestas íntimas en los colmaos de la Alameda de Hércules y en el Pasaje del Duque. Su primer gran triunfo en Sevilla se producirá durante la Semana Santa de 1933, cuando los directivos de la Tertulia Sevillana, entre los que se encontraban Rafael El Gallo, Juan Belmonte y otros personajes sevillanos aficionados al cante, lo contratan para sustituir a "El Gloria" como cantaor de saetas. Desde el local de la tertulia, situado en la esquina de Sierpes con plaza de San Francisco sobre el bar Laredo, dio una magistral lección del cante por saetas, siendo sacado, como los toreros, a hombros por los aficionados. Especialmente recordada será su serie de saetas al Cristo de los Gitanos, que hizo retrasarse hasta tal punto a la cofradía en la carrera oficial que fue multada por ello. La prensa de la época situaba, al que ya comenzaba a ser conocido como Niño de Mairena entre los grandes saeteros como El Gloria y Manuel Torre. El mismo año 1933 conoce a Carmen Amaya, en una fiesta en La Venta de Antequera, quién le contrata para actuar en el Variedades (Cine Trajano) y grabar en Barcelona los cantes de la película María de la O, que estaba rodando por esas fechas. Continuó participando en reuniones, espectáculos y actuaciones en Sevilla y de vez en cuando hacía alguna visita a los gitanos de Utrera, Jerez y Alcalá para oír las viejas formas, las esencias más puras del flamenco que se estaban perdiendo (Joaquín la Cherna, Paco La Luz, Joaquín el de la Paula, Loco Mateo ,La Serneta), que se conservan hoy gracias al genial maestro. De la mano de Juan Talega recupera la toná liviana de Juanelo, y será su guía en sus contactos con los grupos de gitanos de Triana, Utrera, Jerez y, Lebrija. En 1936 conoce y comienza a trabajar con el guitarrista Melchor de Marchena, quien se convertiría en su apoyo más firme en su carrera profesional. Primeros Discos Tras la guerra, se establece en Carmona donde consigue algunos trabajos mientras continúa actuando en ventas y locales de Sevilla y ocasionalmente en Madrid. En 1941 sus contactos entre guitarristas y cantaores sevillanos le permiten introducirse en el mundo de la discografía, por aquellos años de posguerra, muy pobre. De la mano del guitarrista Esteban Sanlúcar grabó sus 4 primeros discos en la casa La voz de su amo. Pensaba grabar por seguiriyas, soleares, alegrías, bulerías y tangos, pero en la discográfica le obligaron a cantar por fandangos y cuplés por bulerías, que estaban entonces más de moda.

Antonio Mairena


Casa del Arte Flamenco D. Antonio Mairena